viernes, 25 de agosto de 2017

El sagrado infierno de Israel

Por fin cumplí un mes de estar en "Tierra Santa", lo cual me parece tiempo suficiente para conocer parte de la cultura, costumbres y usanzas de los israelíes y así comenzar a redactar este blog, pues sería imposible comenzar a escribir sobre algo que realmente no conozco ya que sólo sería un turista más que llega a tomarse la foto para regresar a su país a contar lo que el guía de turistas le dijo, sin importar si es cierto o no.

Además éste tiempo que estuve aquí. me sirvió para titular mi blog, algo que me había estado haciendo ruido desde que se me ocurrió comenzar a escribir mis vivencias en éste no muy popular destino, del cual, fuera de los círculos judíos o de política internacional se sabe muy poco, pues es sumamente difícil el generalizar las costumbres de una población tan dividida tanto por lenguaje como por religión, claro, además de la situación social y/o económica. Pues aunque en teoría hay tres idiomas oficiales (hebreo, árabe e inglés) en las calles todas las transacciones y avisos se dan sólo en hebreo.

Pero primero un prefacio para los que no me conocen aún: Llegué aquí gracias a un programa de intercambio académico por parte de la UNAM, mi alma máter con la cual siempre voy a estar agradecido, pues es una universidad como pocas en el mundo y es algo que sólo llegamos a apreciar cuando vemos los ojos húmedos de las personas alrededor del mundo quienes por falta de dinero no pueden acceder a un nivel universitario, condenándose a una vida de rutina dura y miseria, la cual además suelen heredan a sus hijos.

En fin... Estaré aquí los próximos siete meses, en los cuales planeo escribir una entrada semanal (quizá más) sobre cómo es la vida dentro del sagrado infierno, pues el calor es lo primero que se siente cuando sales del aeropuerto, un tufo ardiente que te hace olvidar todo lo que creías saber del país, pues la temperatura es una de esas cosas que uno olvida cuando está acostumbrado a un buen clima, pero que aquí, a la mitad de la nada, en medio del desierto, tiene un fuerte impacto a nivel económico, social y hasta cultural, por ejemplo: Fuera de los judíos o musulmanes ortodoxos, no existe código de vestimenta en trabajos, escuelas o siquiera en eventos como bodas, pues todos usan sandalias y shorts todo el tiempo. (A mí me ven rarísimo por usar pantalones y botas)

Además para los que no estamos acostumbrados, se vuelve una situación desesperante que nos hace cambiar de humor de una manera radical, pues más de una ocasión intenté abrir éste blog con puras quejas de éste "horrible infierno" en el que me metí sin saber lo que me encontraría. Sin embargo, poco a poco uno se adapta y aprende a controlar las emociones que el clima, el hambre y la desesperación de no entender nada pueden causar.

Dato curioso: escribo ésto en una noche templada pues tan sólo hay 28°C afuera, la temperatura oscila entre los 26°C hasta los poco más de infernales 55°C que tuve que sentir hace dos semanas que visité el mar muerto.

El país es bastante pequeño, pues lo puedes recorrer de punta a punta en aproximadamente cuatro horas, la ciudad donde vivo está justo en medio, su nombre es BeerSeba, capital del distrito meridional y tercera ciudad más importante del país, sólo después de Tel Aviv y Jerusalén, la cual sirve como conexión hacia el sur, en particular hacia el desierto del Négev, es por eso que la Universidad Ben-Gurión (donde estaré estudiando) está ubicada aquí, pues su propósito inicial era el desarrollo de toda el área desértica con educación y tecnología, pues según los ideales de David Ben Gurión, el futuro está en aprovechar los duros recursos que el desierto ofrece, aunque para ser sinceros, la mejor forma de describirla es con frases de mis compañeros de cuarto de los que después les contaré: "A forgotten third world city" "Evrything is awful here" o  "Just... a shity city"

Por cierto, aquí nada funciona con gas, pues el calor hace imposible y peligroso el ocupar gas para cualquier cosa, así que era de esperarse que las estufas y en general todos los electrodomésticos funcionen sólo con electricidad, la cual sorpresivamente no es tan cara, pues se aprovecha esa ingente cantidad de radiación solar en el desierto para producirla y aunque los calentadores para las regaderas también funcionan con sol, pocas veces se encienden, pues las tuberías de por sí suelen calentar agua fría; la cual aunque no es potable, tiene buen sabor, pues Israel también es líder en desalinización y purificación de agua a nivel mundial (No les quedó de otra, la poca agua que tienen viene del mar con la mayor concentración de sal en el mundo, ¿se pueden imaginar una playa que en lugar de arena tenga sal)

A pesar de todo ésto, hay algo que a mí particularmente me cuesta mucho trabajo: los precios, pues todo es increíblemente caro aquí, hasta llegar a un punto en donde se vuelve irreal el querer hacer una conversión, pues ni siquiera una simple botella de agua (indispensable por el calor) cuesta alrededor de 10 shékels (55 mxn). Ni les cuento de la cerveza, porque pienso hacer una entrada exclusivamente de precios, por si ustedes creen que viven al límite con arroz y frijoles, es porque no han intentado sobrevivir aquí donde ni siquiera existen los frijoles.

Sin embargo, no les he contado el por qué el titulo de éste blog es Mistalvit, palabra en hebreo que después de tan sólo quince días usaron algunos israelís para describirme a la perfección, pues aunque no hay una traducción literal al español o inglés, se usa como verbo, adjetivo o sustantivo para hacer referencia a una persona que sólo está buscando el momento perfecto para hacer mofa de algo o alguien, Já ¿En serio? ¿Yo?

Aquí les dejo algunas oraciones donde se usa la palabra:


De cualquier manera, si a ustedes les interesa algún tema en particular de lo que quieran saber sobre éste país, ya sea a nivel social, cultural o sólo algo que escucharon que hacía la gente de aquí y que quieran confirmar, por favor escríbanlo en los comentarios y seguro lo podré responder en las siguientes entradas.

Me despido con una canción con la que estoy aprendiendo el idioma, y que no me he podido sacar de la cabeza, porque con el hebreo uno nunca sabe dónde está la línea divisoria entre enseñanza y adoctrinamiento: